El matoneo, un enemigo silencioso

Recuerdo que en el colegio todos mis compañeros creían que estaba muy loco, pues era diferente de los demás. Cada vez que me gritaban o me decían “loco”, reaccionaba con violencia porque sentía que me comparaban con un famoso loquito callejero llamado Nazario. Este personaje, de barba despoblada como la de un chivo, siempre andaba con la ropa raída y un costal viejo y sucio. Se golpeaba la cabeza y las piernas con sus puños, actuaba de manera incoherente y perseguía a los niños que le gritaban su nombre. Yo sentía que sus reacciones no tenían sentido y que sus comportamientos eran agresivos, mientras que los míos tenían lógica y razón de ser. Por eso no aceptaba que me llamaran como a ese loco. Cierta vez un compañero a quien llamábamos “Tamba”, mucho más grande y acuerpado que yo, me dijo “loco” y tuvimos una gran pelea de la cual salí totalmente mareado y ensangrentado, con la camisa sin botones, las calzonarias reventadas y el ojo inflamado.

Estas peleas en aquella época, hace más de 50 años, estaban lejos de ser catalogadas como algo más allá que una simple pelea, aunque el daño interior que sentía quien era agredido se llevara en silencio y no se entendiera la razón por la cual se burlaban de él.  Hoy en día, este tipo de burlas y agresiones tienen nombre propio y son la causa de mucho dolor y angustia en miles de niños, jóvenes y adultos en el mundo entero. Vemos de manera devastadora cómo este fenómeno llamado matoneo (bullying), adquiere un protagonismo desbordante que ha generado muertes, agresiones y suicidios, debido al abuso e intimidación obsesiva por parte de uno o varios niños contra sus propios compañeros de colegio o de universidad. Estos actos de crueldad, irrespeto y humillación están dejando una huella muy grande en el corazón de miles de niños y jóvenes, que por innumerables razones, son agredidos por sus compañeros, maestros e incluso por sus propios padres.  El bullying se comete contra el gordo, el flaco, el inteligente, el lento, el alto, el bajo, el lindo o el feo; hoy en día ya no se trata de intimidar solamente a quienes supuestamente tengan defectos físicos o se salen del molde de lo normal, sino que se arremete contra cualquier niño o joven porque no se acomoda a lo que otros consideran que es como se deben comportar o a la manera en que deben ser. Miles de niños alrededor del mundo se vuelven presas frágiles y vulnerables, y quienes los matonean destruyen su dignidad y sus ganas de ir al colegio, e incluso en muchos casos, las ganas de vivir.

El problema más grande del matoneo, en todos los casos que me han tocado ver, es que nosotros como padres nunca creemos que nuestro hijo puede ser víctima de las garras crueles de estos verdugos emocionales, o peor aún, nunca imaginamos que nuestro hijo puede ser un verdugo cruel y maltratador que está haciéndole daño a alguno de sus compañeros o simplemente puede ser un testigo presencial, silencioso, indiferente y que por miedo, celebra lo que está sucediendo en contra de su compañero.

El matoneo empieza en una fase en la que aparentemente ese acoso se ve como si fuera un juego o una burla chistosa, y lentamente el grupo se va asociando en contra del afectado, hasta llevarlo a hacerse sentir culpable, tímido y temeroso de no ser aprobado por su grupo de compañeros, lo que puede fácilmente terminar en que la víctima atente contra ella misma o contra el agresor. Se ven miles de casos en que la víctima llega a estados altos de depresión, ansiedad o incluso hasta el suicidio.

¿Qué hacer ante el matoneo de un hijo? 

1.Observa detenidamente el comportamiento de tu hijo: Ahora que tu hijo está regresando al colegio después de tanto tiempo de aislamiento, es el momento para  analizar y estar alerta de sus actitudes y conductas, tanto verbales como no verbales, porque si no quiere ir al colegio, si está presentado una conducta extraña, está nervioso, deprimido, intolerante,  tiene pesadillas, presenta bajo rendimiento académico, está ensimismado, con temor o se siente enfermo permanentemente, puede ser que él esté siendo víctima de matoneo.

2.No ignores o menosprecies el problema: Si crees que tu hijo es víctima de matoneo, o crees que participa en un grupo que está maltratando a otros, o crees que es el líder maltratador, no ignores ni menosprecies el problema, ni busques como echarle la culpa a tu hijo. Si tu hijo es el agredido, no le restes importancia al sentimiento, al dolor o al miedo que está experimentando, ni lo tildes de débil o de tener problemas de integración o socialización.

3. Despierta la confianza de tu hijo en ti: Debes comenzar por mejorar tu comunicación con tu hijo, escuchándolo en silencio sin interrumpir, sin prejuicios, sin juzgar ni etiquetar; simplemente escuchándolo atentamente y con mucho amor. Mientras escuchas, no des opiniones, ni consejos, ni te irrites; cuando realmente estás escuchando, desciendes al corazón de tu hijo y lo puedes inspirar y ayudar para que haga su proceso de transformación interna y pueda despertar.  Háblale indirectamente con ejemplos tuyos, historias de tu niñez, pero contándole cómo lo resolviste o con ejemplos de situaciones que escuchaste y que le suceden a otros niños, con cuentos, etc. Así el niño podrá probablemente contarte lo que le está pasando. 

4. Alerta a los profesores y directivos del colegio si notas que algo puede estar sucediendo con tu hijo: Debes hablar con el jefe de grupo en el colegio para que esté pendiente de lo que está viviendo el niño en el colegio, especialmente en los recreos, cambios de clase, almuerzo, etc.

5. Ayuda a tu hijo a fortalecerse desde su interior: Lo más importante es que tu hijo  fortalezca su interior, que no sienta vergüenza por lo que está sucediendo, que crea en él y en sus cualidades, dones y talentos. Tú como mamá o papá puedes ayudarle a encontrar eso.  Te sugiero que compres mi libro de Volver a lo básico, ya que en él encontrarás muchos temas que pueden ayudarte a ti como guía y a él para fortalecerse. Mis historias siempre le enseñan a quien las lee que nosotros tenemos dos opciones en la vida, el amor o el miedo, y que de nosotros depende aprender a tomar la decisión correcta, y a no dejarnos influenciar por lo que dicen los demás.   

Aún recuerdo aquellas palabras sabias de mi abuelo que me dijo cuando regresé a casa después de la pelea con mi compañero: “Si continúas escuchando todo lo que la gente y tus compañeros dicen de ti, vas a vivir siempre triste y amargado. Debes aprender a escuchar la voz interior que sale de tu corazón. Siempre que ellos te critiquen o te ofendan devuelveles con amor”. Al oír estas palabras sabias entendí que en la vida sólo hay dos opciones: creer lo que la gente dice de uno y amargarse la vida viviendo pendiente del “qué dirán”, o aprender a no dar importancia a lo que digan sino a lo que uno se dice a sí mismo en cada amanecer.

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